El realismo se ve coloreado por la imaginación, hasta convertirse en algo así como realismo mágico. Roberto Malo nos lleva más lejos mediante giros sorprendentes en la trama, hasta dejarnos cara a cara, sin perder la sonrisa, con los delirios y las pesadillas
Pues bien, Maldita novela, el debut como novelista del zaragozano Roberto Malo, sabe sortear habilidosamente ambos lugares comunes. Para disfrutarla no es necesario ser experto en literatura moderna. Y lejos de presentarnos a su escritor-protagonista como víctima o gurú, lo retrata con sano humor, por medio de un divertido costumbrismo.
Maldita novela nos relata la odisea de Julio Martín, un escritor de cuentos que un buen día decide probar suerte escribiendo una novela. La mezcolanza de recursos y técnicas literarias es evidente: los fragmentos de diarios personales, los poemas en prosa, la narración cuasi-periodística nos ayudan a seguir al atribulado autor.
Nos atreveríamos a decir que Julio Martín no acabará su novela, y podría haber sido así hasta que una mañana, su máquina de escribir escupe una página que se debe haber escrito sola. Por medio de un estilo marcadamente minimalista, Roberto Malo deja fluir la acción. Empiezan por aparecer apuntes de realismo mágico hasta que, ante los imaginativos giros de la trama, empezamos a recordar pesadillas lisérgicas como las de William Burroughs o Fredric Brown.
Las dedicaciones de Roberto Malo (animador sociocultural, cuentacuentos) dan un toque especial a la novela, en la que se establece una comunicación muy directa con los lectores, y las palabras empleadas son las justas, ni una sola de más. Leída su primera novela, descubrimos en él a un autor personal, enamorado de la cultura popular, que tiene gran habilidad para retratar personajes y ambientes en pocas palabras. Mención especial merece su humor bonachón, propio de tiempos de los bolsilibros.
Pues bien, Maldita novela, el debut como novelista del zaragozano Roberto Malo, sabe sortear habilidosamente ambos lugares comunes. Para disfrutarla no es necesario ser experto en literatura moderna. Y lejos de presentarnos a su escritor-protagonista como víctima o gurú, lo retrata con sano humor, por medio de un divertido costumbrismo.
Maldita novela nos relata la odisea de Julio Martín, un escritor de cuentos que un buen día decide probar suerte escribiendo una novela. La mezcolanza de recursos y técnicas literarias es evidente: los fragmentos de diarios personales, los poemas en prosa, la narración cuasi-periodística nos ayudan a seguir al atribulado autor.
Nos atreveríamos a decir que Julio Martín no acabará su novela, y podría haber sido así hasta que una mañana, su máquina de escribir escupe una página que se debe haber escrito sola. Por medio de un estilo marcadamente minimalista, Roberto Malo deja fluir la acción. Empiezan por aparecer apuntes de realismo mágico hasta que, ante los imaginativos giros de la trama, empezamos a recordar pesadillas lisérgicas como las de William Burroughs o Fredric Brown.
Las dedicaciones de Roberto Malo (animador sociocultural, cuentacuentos) dan un toque especial a la novela, en la que se establece una comunicación muy directa con los lectores, y las palabras empleadas son las justas, ni una sola de más. Leída su primera novela, descubrimos en él a un autor personal, enamorado de la cultura popular, que tiene gran habilidad para retratar personajes y ambientes en pocas palabras. Mención especial merece su humor bonachón, propio de tiempos de los bolsilibros.
Definitivamente, a Roberto Malo hay que seguirle la pista.
David G. Panadero
Gracias, David, por la estupenda reseña. Mencionas a Fredric Brown; ya me gustaría parecerme a él, ya...
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