Sopa digna de cualquier menú del día. Para matar la gazuza, vamos
Ahora mismo no caigo en que película de Almodóvar, Chus Lampreave iniciaba una quejumbrosa letanía que enumeraba los poquitos para una buena sopa de pescado: su poquito de calamar, su poquito de rape, su poquito de azafrán, su poquito de... pero me ha venido a la memoria tras sentenciar Chicago Way de Michael Harvey, novela que, como el caldo de la Lampreave, calcula al milímetro los ingredientes y los poquitos para conseguir el punto exacto.
| Los ingredientes y los poquitos |
Ahora mismo no caigo en que película de Almodóvar, Chus Lampreave iniciaba una quejumbrosa letanía que enumeraba los poquitos para una buena sopa de pescado: su poquito de calamar, su poquito de rape, su poquito de azafrán, su poquito de... pero me ha venido a la memoria tras sentenciar Chicago Way de Michael Harvey, novela que, como el caldo de la Lampreave, calcula al milímetro los ingredientes y los poquitos para conseguir el punto exacto.
Un detective macerado respondón, graciosete, listillo y a la deriva; un buen puñado tías wenorras e inquietantes; un pellizco de infancias psicosexuales; una miaja de feminismo, y un buen chorro de asco vital y podredumbre política.
Administrados los ingredientes con mesura profesional, es cierto que no se conseguirá un excelso suquet, pero tampoco un caldo de hospicio, y sí una razonable, olvidable (una vez digerida) y alimenticia (que no nutritiva) sopa digna de cualquier menú del día. Para matar la gazuza, vamos.
Ustedes verán el hambre que tienen, o lo que les gusta la sopa de pescado.
Roca, 2008
Luis de Luis
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